Por: Radhamés Silverio González, docente e investigador UASD
Los resultados de PISA vuelven a colocar sobre la mesa una pregunta que la República Dominicana no debería formularse únicamente cuando se publica una evaluación
internacional: ¿están aprendiendo nuestros estudiantes lo que necesitan para desenvolverse en una sociedad cada vez más compleja? Más que concentrarnos en posiciones o
comparaciones entre países, PISA debe servirnos para mirar hacia dentro, reconocer avances e identificar aquellos aspectos del sistema educativo que todavía requieren transformaciones sostenidas (Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos
[OCDE], 2026).
La República Dominicana ha venido construyendo una base institucional y programática importante en materia de mejora de los aprendizajes. El Ministerio de Educación ha
desarrollado iniciativas como la Política Nacional para la Alfabetización Inicial en la Etapa Oportuna, el programa Construyendo la Base de los Aprendizajes (CON BASE), las evaluaciones diagnósticas y el Plan Decenal de Educación Horizonte 2034.
Estas acciones evidencian una orientación progresiva hacia la calidad de los aprendizajes y ofrecen una
plataforma sobre la cual seguir construyendo.
También debe reconocerse el papel del Instituto Dominicano de Evaluación e Investigación de la Calidad Educativa (IDEICE). Su trabajo en investigación, evaluación y análisis de los resultados educativos contribuye a comprender mejor los factores asociados con el aprendizaje y proporciona evidencias para sustentar decisiones de política pública.
Sus estudios relacionados con PISA resultan particularmente valiosos porque permiten ir más allá de una lectura basada exclusivamente en resultados y explorar condiciones escolares, sociales y educativas que pueden explicar parte del desempeño de los estudiantes (Instituto
Dominicano de Evaluación e Investigación de la Calidad Educativa [IDEICE], 2026).
El desafío actual no consiste necesariamente en crear nuevas instituciones o multiplicar programas. La prioridad debería ser conseguir que las iniciativas, evaluaciones,
investigaciones y sistemas de información existentes funcionen como componentes de una
misma arquitectura nacional orientada al aprendizaje.
Currículo, formación docente, evaluación, investigación, acompañamiento pedagógico y tecnología deben converger
alrededor de un propósito común: lograr que cada estudiante desarrolle oportunamente las
competencias correspondientes a su trayectoria educativa.
Esto implica revisar también la manera en que definimos el éxito del sistema. La matrícula, la cobertura, la infraestructura, la inversión y la incorporación de tecnologías continúan siendo indicadores importantes, pero deben acompañarse de una pregunta más exigente:
¿en qué medida estos esfuerzos están produciendo mejores aprendizajes? El país necesita saber si sus estudiantes comprenden lo que leen, razonan matemáticamente, interpretan información, desarrollan pensamiento científico y pueden utilizar lo aprendido para
enfrentarse a situaciones nuevas.
Para responder esa pregunta, las evaluaciones diagnósticas y formativas adquieren una importancia fundamental. Su finalidad no debería limitarse a producir calificaciones o informes, sino permitir que docentes, directores, distritos y regionales identifiquen oportunamente las dificultades y actúen sobre ellas.
Ningún estudiante debería avanzar durante varios años acumulando rezagos significativos sin que el sistema pueda detectarlos y ofrecer una respuesta mediante acompañamiento, reforzamiento, tutorías u otras estrategias pedagógicas.
El país dispone hoy de una cantidad considerable de información educativa. Los sistemas del MINERD, las evaluaciones nacionales e internacionales y las investigaciones del IDEICE
constituyen una base valiosa.
El próximo paso debe ser fortalecer la conexión entre evidencia, decisión, intervención y evaluación de resultados. Producir datos es importante, pero su verdadero valor aparece cuando permiten modificar prácticas, orientar recursos y determinar cuáles políticas están funcionando.
Horizonte 2034 ofrece una oportunidad para organizar estos esfuerzos dentro de una perspectiva de largo plazo. Su impacto dependerá de que las prioridades fundamentales
puedan sostenerse más allá de los cambios de autoridades y de que las intervenciones sean
revisadas periódicamente a partir de evidencias.
Las transformaciones educativas profundas
requieren continuidad, porque los aprendizajes se construyen acumulativamente durante
toda la trayectoria escolar.
PISA debe ayudarnos a observar dónde estamos, pero no debe convertirse en nuestro destino.
La aspiración nacional debe ser que cada generación de estudiantes dominicanos aprenda más y mejor que la anterior. La República Dominicana ya cuenta con muchas de las piezas necesarias; ahora corresponde articularlas, sostenerlas y evaluar rigurosamente sus
resultados. El gran compromiso educativo de los próximos años debería ser convertir el aprendizaje en el principal criterio para valorar el avance del sistema.
Esto implica que las políticas, los programas y las inversiones puedan demostrar, con evidencias, su contribución al desarrollo de las capacidades de nuestros estudiantes y que aquello que produzca resultados tenga
continuidad.
Pasar del diagnóstico a la acción, y de la acción a mejoras verificables en el
aprendizaje, debe ser el próxim

