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jueves, junio 18, 2026

El Poder de un apellido

Por Abril Peña


Hay cosas que solo la entendemos quienes nacimos siendo “el hijo de”, “la hija de” o “el hermano de”, desde fuera, la gente suele pensar que tener un apellido conocido es una ventaja. Y lo es, hasta cierto punto, sería absurdo negarlo, un apellido abre puertas, genera reconocimiento y te evita comenzar desde cero.


Pero también tiene una cara que pocas personas ven, te convierte en una extensión de otra persona.
Tus logros rara vez son completamente tuyos, tus errores casi siempre se magnifican y tus decisiones son analizadas bajo una lupa distinta a la que se utiliza con cualquier otro dirigente.


Por eso he seguido con interés las declaraciones que dio antier Omar Fernández (y su carrera en general) donde dijo específicamente que recorrería el país cuando su partido se lo permitiera, y donde planteó que la Fuerza del Pueblo necesita una introspección, porque no es normal que gente que se mantuvo en el partido en los tiempos malos esté yéndose ahora que las cosas están mejor, sobre todo considerando la dimensión de quienes se están yendo, varios de ellos parte de su propio equipo.


No voy a hablar aquí de la dinámica interna de la Fuerza del Pueblo ellos tendrán que resolver sus asuntos. Lo que me interesa es otra cosa.
Entiendo perfectamente la posición en la que se encuentra. Porque la he vivido.


Soy hija de José Francisco Peña Gómez y llevo toda mi vida observando cómo funciona este fenómeno. Siempre he dicho que ni yo ni algunos de mis hermanos creceremos políticamente más allá de cierto punto. No porque no podamos. No porque no tengamos capacidad. Sino porque, en ocasiones, no conviene.


La política no es solo una competencia de méritos, también es una competencia de equilibrios, lealtades, intereses y percepciones.


Y cuando eres hijo de una figura histórica, muchas personas no te evalúan por lo que haces. Te evalúan por lo que representas. Si te acercas demasiado al líder, dicen que vives de su sombra. Si intentas construir tu propio espacio, dicen que quieres desplazarlo. Si discrepas, eres un traidor. Si guardas silencio, eres débil.


Es una ecuación donde a veces parece imposible ganar.
Por eso me llama la atención la facilidad con la que algunos exigen a los herederos políticos que rompan con quienes les dieron origen político y personal. La sociedad dominicana podrá perdonar muchas cosas, pero pocas veces perdona lo que percibe como deslealtad.


Y ojo, no estoy diciendo que los hijos deban vivir eternamente subordinados a sus padres. Tampoco que deban renunciar a sus propias aspiraciones. Lo que digo es que existe una línea muy fina entre construir una identidad propia y proyectar una imagen de ruptura.


Y esa línea suele ser mucho más estrecha para quienes cargan con un apellido conocido. A veces la gente imagina que los herederos políticos son libres de hacer lo que quieran.ERROR, no lo somos, aunque queramos pensar que si, la realidad suele ser muy distinta.


Son observados por sus seguidores, por sus adversarios, por los aliados de sus padres y por quienes esperan cualquier error para utilizarlos como arma política. Mientras tanto, otros juegan ajedrez con ellos (queriendo o sin querer) Los utilizan para renovar una organización, para enviar mensajes, para atraer votantes o para dividir adversarios.
Y ahí aparece el verdadero desafío: saber cuándo estás siendo utilizado, cuánto puedes aprovechar esa circunstancia y, sobre todo, cuándo llega el momento de construir un camino propio, para mí, ese barco zarpó, él aún está a tiempo, aunque lo veo francamente difícil.


Porque quedarse para siempre bajo una sombra puede ser un error, pero salir de ella demasiado pronto también puede serlo. Quizás por eso los grandes líderes rara vez dejan herederos políticos indiscutibles.


No porque no existan personas capaces, sino porque el peso de un apellido puede ser una bendición y una carga al mismo tiempo.


Y quienes nunca han tenido que vivir con él difícilmente entenderán lo complejo que puede llegar a ser. ¿Romperá el maleficio sin heridas de por medio ) tal vez nunca los sepamos.

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